viernes, 30 de mayo de 2014

Justa medida

A propósito de este artículo:

http://www.playgroundmag.net/musica/noticias-musica/historias/un-futuro-sin-genero-6-retratos-de-jovenes-que-no-se-sienten-ni-hombre-ni-mujer?fb_action_ids=10203355675268226&fb_action_types=og.likes, 
me puse a reflexionar sobre las causas de la intolerancia. Ejemplo hay muchos, pero en esta oportunidad me detuve en el caso de Sasha Fleschman, adolescente transgénero* (N.del A.: Este puede no ser el concepto más preciso), que en Noviembre de 2013 sufrió graves quemaduras tras un ataque propinado por adolescentes, mientras dormía en un bus, por vestir de manera ambigua, a ojos de sus agresores.  

Decidí escribir una historia que me ayudara a entender este tipo de relaciones, nuevas a mi entendimiento, y ampliar mi tolerancia en torno a estos temas: 

Me decidí. Esa tarde jugué con mi ropa y maquillajes por primera vez y disimulé mis rasgos de género lo más que pude. Había estado interesadx en el tema hace tiempo y había leído un poco acerca de experiencias de otras personas haciendo lo mismo. Llevé un abrigo largo para ocultar mi real atuendo hasta llegar al lugar y evitar cualquier tipo de agresión en el camino. 
Me dolió la guata al llegar al club. Había mucha gente y me puse nerviosx. Dejé mi abrigo en guardaropía y caminé a la barra por un trago. Suerte la mía que pude aprovechar un espacio vació que quedó -nunca es tan fácil obtener uno, pensé-. Le hablé rápidamente al camarero. Ni me acuerdo que pedí... 
Al levantar la mirada, frente a mi, le ví. Me sorprendió con esa belleza inevitable. Al principio no me miró. 
Irónicamente no pude identificar su género al principio, pero a la mañana siguiente me dijo que tampoco tuvo pistas del mío. Feliz. 
Al finalizar el cuento quedé con más preguntas que respuestas. Por ejemplo, ¿dónde comienza el amor?



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